La semana pasada estuvimos en Impacta IA, en Vitacura. El encuentro organizado por Brinca y ChileGlobal Ventures de Fundación Chile, reunió empresas, academia y startups alrededor de una pregunta práctica: cómo pasar de la IA como conversación a la IA como decisión de negocio.

Nos invitaron junto a otras ocho startups. El primer día montamos stand y conversamos con equipos de inmobiliarias, fondos, banca y minería. En cada mesa FRANK se leía distinto: para unos, cabida y normativa; para otros, riesgo territorial o el entorno de un activo. El ejercicio fue extrapolar la misma capacidad (cruzar territorio, norma y criterio) a los problemas de cada nicho.

El segundo día tuvo otra forma: speed dating 1:1 y un pitch de cuatro minutos. Ahí condensamos lo que venimos construyendo: ayudar a que un proyecto se lea mejor en prefactibilidad, cuando todavía es posible ajustar el paño, el uso o la lectura del entorno con margen real de decisión.

Lo que más resonó fueron las contingencias: condiciones del territorio y del entorno que, vistas a tiempo, permiten mover plazo y costo con información. Existen en fuentes públicas y en el mapa; el valor está en traerlas a la mesa de decisión en la etapa correcta.

Ahí aporta FRANK: una forma de trabajar con más contexto sobre suelo, normativa y territorio en el día a día de quien evalúa. Integrar IA, para nosotros, es eso: que el criterio entre en la evaluación cotidiana y se note en cada decisión.

Impacta IA dejó una idea simple: La IA aplicada vale cuando reduce incertidumbre en el momento en que esa reducción más aporta. Para nosotros, ese momento es la prefactibilidad.